Nathalie Moncada Mata | nathalie.moncada@radio-e.org

La propuesta busca sustituir plásticos tradicionales en productos de uso corto mediante la revalorización de desechos agrícolas.
Kevin Jiménez Molina, egresado de la Universidad de Costa Rica (UCR), desarrolló este 9 de septiembre de 2026 una lámina plástica biodegradable a partir de la pectina extraída de cáscaras de maracuyá en las instalaciones universitarias.
La investigación, realizada como su Trabajo Final de Graduación para la Licenciatura en Ingeniería Agrícola y de Biosistemas, busca ofrecer una alternativa de empaque amigable con el medio ambiente y revalorizar los desechos del sector productivo nacional bajo un enfoque de economía circular.
El desarrollo del material se basó en la extracción de pectina, un compuesto natural presente en la pared celular de las plantas mezclada con plastificantes y polímeros de origen natural. Tras analizar diversos niveles de acidez y tiempo de reacción, el equipo determinó que las mejores condiciones de extracción se dieron a un pH de 2 con tiempos de hasta 60 minutos. Posteriormente, al evaluar combinaciones de pectina con almidón de yuca, se estableció que las proporciones más altas generaban láminas más rígidas y térmicamente estables, mientras que menores proporciones brindaban mayor flexibilidad.
Para la elaboración y análisis del producto, Jiménez contó con la asesoría de la Dra. Beatriz Mazón Villegas, la Lic. Juliana da Luz Castro y la M. Sc. Ileana Alfaro Álvarez. Asimismo, se sumó la colaboración del Dr. Felipe Orozco Gutiérrez, especialista del Laboratorio Nacional de Nanotecnología (Lanotec) del Centro Nacional de Alta Tecnología (Cenat), quien aportó en la caracterización mediante técnicas de alta tecnología. La iniciativa contó también con el apoyo de la Escuela de Ingeniería Química, el Laboratorio de Fotónica y Tecnología Láser Aplicada (Laftla) de la UCR y la donación de fruta por parte del Centro Nacional de Abastecimiento y Distribución de Alimentos (Cenada).
El estudio determinó que estas láminas presentan un desempeño competitivo frente a otros biomateriales a base de almidón y poseen capacidad de deformación comparable a plásticos tradicionales como el polipropileno, con la ventaja de ser biodegradables. Por sus características mecánicas, sus principales usos potenciales se enfocan en aplicaciones de baja o media exigencia; entre ellas, separadores de productos, bolsas de empaque, recubrimientos para almacenamiento poscosecha de tomates cherri o artículos con ciclos de vida cortos.
Actualmente, el proyecto se prepara para una nueva etapa en la que se evaluará la evolución de las propiedades del biomaterial a lo largo del tiempo, la prevención de microorganismos y la posible integración de tecnologías adicionales para optimizar sus características con miras a una futura escala comercial.
