Luis Fallas, RADIO-E
En un contexto donde la enseñanza de las ciencias naturales suele percibirse desconectada de la realidad cotidiana, dos estudiantes del Instituto Tecnológico de Costa Rica decidieron apostar por una solución concreta. Llevar el aprendizaje al suelo, literalmente.
María Paula Iglesias-Gutiérrez, de Ingeniería Agrícola, y Luis Enrique Moraga-Centeno, de Ingeniería en Diseño Industrial, desarrollaron e implementaron una huerta educativa como herramienta pedagógica para fortalecer el curso de Science en el Centro Educativo Bilingüe Sonny, ubicado en la provincia de Cartago.
El proyecto, publicado en la revista Investiga.TEC (Vol. 19, Núm. 55, enero 2026), nace ante una necesidad clara. Crear un espacio interactivo y accesible que permita al estudiantado aprender ciencias naturales desde la experiencia directa, y no solo desde el libro de texto. De este modo Luis Enrique Moraga-Centeno comentó:
“Esta iniciativa representó un reto interdisciplinario de alto valor, al integrar la ingeniería agrícola, la pedagogía y el diseño industrial. Desde mi perspectiva, el mayor aporte fue la accesibilidad personalizada: diseñamos cada huerta considerando la variabilidad ergonómica de los estudiantes. El resultado no es solo un producto, sino un entorno interactivo que transforma la enseñanza de las ciencias en una experiencia tangible y de gran impacto.”

María Paula Iglesias-Gutiérrez y Luis Enrique Moraga-Centeno, Tecnológico de Costa Rica, 2025 – Foto: Cortesía Luis Enrique Moraga-Centeno
Mucho más que sembrar plantas
La propuesta no se limitó a instalar camas de cultivo. El equipo trabajó bajo la metodología Design Thinking, lo que implicó entrevistas con docentes, análisis curricular por nivel y una fase de prototipado y validación centrada en las necesidades reales del centro educativo.
Desde el diseño industrial, se consideraron criterios ergonómicos y antropométricos para adaptar las dimensiones de la huerta educativa a estudiantes de distintas edades, garantizando comodidad, inclusión y seguridad.
Por su parte, el componente agrícola incorporó un análisis técnico del suelo, cálculo de demanda hídrica y diseño de un sistema de riego por goteo con parámetros hidráulicos específicos. El sistema fue dimensionado considerando eficiencia, presión mínima de operación y frecuencia óptima de riego, asegurando un uso responsable del recurso hídrico.
Además, se elaboró un catálogo de especies vegetales seleccionadas por su valor educativo, adaptabilidad al entorno y compatibilidad con el calendario escolar. Entre ellas se incluyen lechuga, espinaca, rábano, cebollino y albahaca, cultivos de ciclo corto que permiten observar procesos biológicos en tiempos pedagógicamente manejables. Maria Paula Iglesias-Gutiérrez comentó
“Participar en este proyecto significó para mí transformar la ingeniería en una herramienta educativa con impacto real. Más allá del diseño técnico de la huerta y el sistema de riego, lo más valioso fue crear un espacio donde el aprendizaje de las ciencias pudiera vivirse de forma activa y contextualizada. Creo que su mayor aporte es permitir que las ciencias se comprendan desde la experiencia directa, promoviendo una formación más crítica, participativa y orientada a la sostenibilidad.”
Detalles de la huerta educativa, Tecnológico de Costa Rica, 2025 – Fotos: Cortesía Luis Enrique Moraga-Centeno
Educación activa y sostenibilidad
El proyecto de huerta educativa se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente aquellos relacionados con educación de calidad y consumo responsable. Más allá de la infraestructura, la huerta fue concebida como un espacio para el aprendizaje exploratorio, el trabajo colaborativo y la comprensión de procesos como la fotosíntesis, el ciclo de vida de las plantas y la transformación de materia y energía.
Aunque el artículo señala que aún quedan pendientes etapas de validación pedagógica con estudiantes, la implementación técnica fue exitosa. Las estructuras demostraron resistencia bajo pruebas de carga, y el sistema de riego opera dentro de los parámetros previstos. La profesora a cargo, Isabel Guzmán, destacó:
“El proyecto estudiantil desarrollado por los estudiantes María Paula Iglesias-Gutiérrez de la Escuela de Ingeniería Agrícola y Luis Enrique Moraga-Centeno de la Escuela en Diseño Industrial tuvo impacto tanto en el aprendizaje investigativo y de extensión de ellos mismos, como en el producto tangible entregado a Centro Educativo Bilingüe Sonny. La experiencia de poder diseñar e implementar una huerta educativa bajo el objetivo de potenciar el aprendizaje de ciencias naturales y sostenibilidad en el proyecto Sonny’s Seedlings, en niños y adolescentes alumnos del centro educativo, les hizo ver los logros que se obtienen del trabajo en equipos multidisciplinarios, con planificación y gestión de proyectos bien organizados.”
Este proyecto demuestra que la innovación educativa no siempre requiere tecnología compleja; a veces, comienza con tierra, agua y un diseño bien pensado. La combinación entre ingeniería agrícola y diseño industrial permitió desarrollar una solución integral que puede servir como modelo replicable para otros centros educativos interesados en fortalecer la enseñanza de las ciencias desde la práctica.



